martes, 22 de agosto de 2017

Pedazos de algo mayor


Instagram: @irenelorurb


Arrastro los pies para que la arena los envuelva, y así sentir el contraste entre la fresca brisa de la mañana y la cálida arena.

Ando hasta llegar al mar, donde la gélida agua limpia mis pies y me provoca un escalofrío que eriza mi cuerpo de abajo a arriba y me hace exhalar y tomar aire con fuerza para recuperar el aliento, una ola de viento mece mis cabellos y empuja mi cuerpo, el mar ruge frente a mi y me invita a invadirlo, doy un par de pasos y noto bajo mis pies algo más que arena, bajo la cristalina agua semienterradas hay piedras de todos los colores: pizarra, granate, rosa pálido, verde, amarillo, blanco; y de todas las formas: laminadas, puntiagudas, suaves, ovaladas, rugosas, deformes y talladas, alguna concha aparece de vez en cuando. Mi atención se centra en todas ellas, pedazos de algo mayor.

Camino por la orilla, recogiéndolas y observándolas a la luz del vergonzoso sol que se oculta tras las nubes que vienen y van. Comienzo recogiéndolas prácticamente todas, pero mis manos no son lo suficiente grandes para poder llevar tantas, tengo que ser más selectiva, así que me deshago de las que veo repetidas por toda la orilla y de las más grandes, estas aprovecho para lanzarlas al mar, como cuando tiraba cantos rodados a un lago intentando que fueran dando botes y llegarán lo más lejos posible, cada vez que lanzo una nueva piedra siento que me voy deshaciendo de mis preocupaciones, de mis molestos miedos, y cuando examino de nuevo las pequeñas y preciosas piedras que van quedando en mis manos, siento que me quedo con la mejor de cada color y forma.

Como en la vida, las preocupaciones nos parecen tan grandes que no dejan espacio para todas esas pequeñas y bellas cosas que nos hacen sentir bien. Estar preocupado no te ayudará a deshacerte del origen de tus preocupaciones; sentirte bien te ayudará a encarar mejor cada gran piedra en tu camino.

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