martes, 22 de mayo de 2012

Día Chof

Creo que comencé a escribir porque ningún libro despertaba en mi interés y decidí hacer un libro realmente entretenido. Fui algo creída, lo sé, hay muchos libros entretenidos, estoy segura; de todos modos y dado lo perezosa que soy era difícil que yo los encontrara. Así comencé, en clase de filosofía con un sobrante de mi libreta; era una historia futurista de aventuras y amor, me encantaba, me entretenía muchísimo y sobretodo me hacía sentir bien poder estampar en aquel folio todo aquello que rondaba mi mente y transformarlo en una historia. Los personajes tomaban vida, se volvían rebeldes y hacían lo que querían con mis letras. Descubrí lo apasionante que era dar vida a los juegos que de pequeña inventaba en el jardín de mi casa o en el salón. Para mi escribir era el modo de desahogarme, de entretenerme, de aclararme...

Por eso hoy día continuo escribiendo y por eso nunca paro de pensar en mis libros. Me da rabia que el único libro que he publicado sea el más sencillo de los cinco. No es que no aprecie El Diario Indiscreto de Lea, es que me gustaría que el resto gozaran también del lugar que merecen. Mis familiares me animan a que nunca deje de escribir y alguna que otra personilla me recuerda, cada vez que hablamos, que debo mandar alguno de ellos a una editorial.

Todo esto me lleva a la conclusión de que debo pasar a limpio el resto de mis libros y terminar el que tengo entre manos. No debo dejar que la pereza pueda conmigo, ya que es el mal entre los males. Aún así, y conociéndome, sé que las palabras que brotan ahora de mi teclado tardarán en surtir efecto en mi sesera y que eso sólo depende de mi fuerza de voluntad.

Deseadme suerte.

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